Esta norma técnica establece los requisitos fundamentales de seguridad específicos para las baterías utilizadas en sillas de ruedas eléctricas, con el objetivo de minimizar los riesgos asociados a su almacenamiento, uso y transporte. Se definen rigurosamente las pruebas de rendimiento que deben superar los sistemas de almacenamiento de energía, incluyendo pruebas de sobrecarga, descarga profunda, cortocircuito, impacto mecánico y condiciones ambientales extremas como altas y bajas temperaturas. El documento también aborda aspectos críticos relacionados con la gestión térmica, la integridad del encapsulado y la protección contra fallos eléctricos internos. Su aplicación busca garantizar la fiabilidad operativa de estos dispositivos de movilidad, protegiendo tanto al usuario como al entorno frente a posibles incidentes como incendios o fugas de electrolitos. Los fabricantes, importadores y proveedores de servicios de mantenimiento deben adaptar sus procesos de diseño y control de calidad a estos criterios técnicos. Además, se describen los métodos de evaluación para verificar la conformidad de los componentes eléctricos y mecánicos durante el ciclo de vida del producto. La implementación de estas directrices permite mejorar la calidad global de los productos de movilidad asistida en el mercado nacional, asegurando que cumplan con los niveles más exigentes de protección.
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