Esta norma establece un conjunto de procedimientos sistemáticos para evaluar la resistencia de componentes electrónicos y equipos bajo condiciones de almacenamiento prolongado. El enfoque principal consiste en someter los dispositivos a rangos específicos de temperatura y humedad durante períodos definidos, con el objetivo de identificar posibles degradaciones físicas o químicas que puedan ocurrir durante su vida útil cuando no están en operación. Los ensayos simulan escenarios reales de transporte, almacenamiento en almacenes o entornos de distribución, permitiendo verificar la estabilidad de los materiales y la funcionalidad de los circuitos. Los protocolos detallan las condiciones de montaje, los ciclos térmicos aplicables y los criterios de evaluación para determinar si el equipo mantiene sus especificaciones técnicas después de la prueba. Este método proporciona una base común para fabricantes y usuarios, facilitando la comparación objetiva de la calidad y fiabilidad de distintos productos en lo referente a su capacidad para sobrevivir en condiciones de reposo sin alteraciones funcionales.
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